Una madre comparte su historia Navideña

Ahora que el pequeño Reid está libre de cáncer, su familia está agradecida. En sus propias palabras, la madre de Reid nos cuenta su historia de triunfo.

 
El paciente Reid durante su tratamiento

El paciente Reid durante su tratamiento

Hace cuatro años, Reid, nuestro hijo de 13 meses, fue diagnosticado con leucemia mieloide aguda, un tipo agresivo de cáncer de la sangre. Justo una semana después de Halloween y tres semanas antes de Día de Acción de Gracias, nuestras vidas cambiaron para siempre. Todavía recuerdo una foto que había sacado poco antes de su diagnóstico: Reid, una preciosura en su disfraz de ranita, nuestras familias todo sonrisas, sin sospechar nada. 

Durante los siguientes meses, yo miraba esa foto y me preguntaba cómo no había sabido que una enfermedad tan horrible yacía en su cuerpecito, escondida detrás de sus ojos azules, pelo rubio y ese disfraz de rana. 

Pasamos nuestras primeras dos semanas en St. Jude Children’s Research Hospital, frente a un caos de estadísticas, quimioterapia y miedo. Nos dijeron lo serio que era el cáncer de Reid, y que necesitaría quimioterapia intensiva para combatirlo – un tratamiento que lo dejaría muy enfermo, con el sistema inmune débil, por casi un año. Tuvimos que hospedarnos en St. Jude y reorganizar rápidamente cada aspecto de nuestras vidas, desde la escuela de nuestra hija hasta el trabajo de mi marido. Incluso nuestra pobre perrita necesitaba alguien quien la cuidara.

El paciente Reid durante su tratamiento con su madre, Brooke

El paciente Reid durante su tratamiento con su madre, Brooke

Recuerdo salir andando del hospital después de esas primeras semanas, con mi hijo enfermo en mis brazos, y entrar en la residencia que St. Jude nos proporcionó sin costo alguno. Yo estaba cansadísima y triste, cargando con el peso de lo que vendría después, y con una intensa sensación de impotencia. Era la semana de Acción de Gracias, y en el aire se sentía la promesa de Navidad.

Recuerdo que yo sentía amargura. Cada hogar acogedor me recordaba al nuestro, donde nosotros no estaríamos. Cada niño sano y sonriente me recordaba lo que nosotros no teníamos. El Día de Acción de Gracias, nos libramos de ir al hospital, pero para Nochebuena, ya estábamos de vuelta.

Ronald McDonald House

La casa Ronald McDonald, una de las viviendas que se proporcionan gratis para los pacientes.

Yo recé para que pudiéramos pasar la Navidad en “casa” con nuestros niños, pero no pudo ser. Reid tenía gripe, y estaba increíblemente enfermo. Mientras tanto, nuestra niña tenía sólo 3 años y estaba ilusionadísima por la visita de Santa Claus. Como madre, yo me sentía desesperada. ¿Cómo iba a poder darle una Navidad mágica cuando estaba preocupada de que su hermano pudiera morir?

Como de costumbre, St. Jude sabía exactamente lo que tenía que hacer. El día de Navidad, por la mañana temprano, Santa Claus en persona llegó a nuestra puerta en el hospital. Ya que no se le permitía a nadie entrar en la habitación sin una bata, nosotros miramos por la ventana mientras él cuidadosamente se ponía prendas protectoras sobre su traje rojo y una mascarilla encima de su barba blanca. 

El paciente Reid con Santa el día de Navidad, durante su tratamiento.

El paciente Reid con Santa el día de Navidad, durante su tratamiento.

Esa mañana, el 25 de diciembre del 2013, St. Jude nos trajo la magia de Navidad. Lleno de alegría, Santa le abrazó a mi hija, le tuvo en brazos a mi hijo, y les dio todo lo que nosotros no les podíamos dar. Sí, trajo juguetes. Pero también trajo esperanza y alegría – las dos cosas que más necesitábamos.

Todo el personal de St. Jude nos deseó felicidad y bendiciones, muchos de ellos perdiéndose de estar con sus propias familias para poder estar a nuestro lado el día de Navidad. Mi amargura se disolvió, y el sentido verdadero de la Navidad ocupó su lugar. 

La familia de Reid hoy en día.

La familia de Reid hoy en día.

Ahora, a medida que pasan los años y nosotros pasamos las fiestas en nuestro propio hogar lleno de calor y amor con nuestros niños sanos y sonrientes, ya no doy las cosas por hechas. Cada época recuerdo la bondad, amor y generosidad que nos proporcionó St. Jude durante un tiempo de dolor y desesperación. Todavía tengo el calendario del hospital de esa mañana de Navidad – un recordatorio de que las fiestas no se tratan de dónde estarás o de lo que recibirás, sino de con quién estarás.

Estamos tan agradecidos con St. Jude por salvar la vida de nuestro hijo, y de que podamos tener a nuestros dos niños en casa durante las fiestas. Nuestro más sincero deseo es que los niños alrededor del mundo se sientan felices, amados y a salvo durante esta época festiva… sin importar dónde estén. 

Ayúdalos a vivir.

Durante esta época festiva, da las gracias por la salud de los niños en tu vida, y ayuda a aquellos que no la tienen. 

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